El país al que por fin llegó el orgullo trans

La comunidad LGTBI pudo celebrar por primera vez un desfile en Burkina Faso para elegir su Miss y Mister Burkina. Un paso de gigante en un lugar en el que aún se arriesgan a ser repudiados o sufrir agresiones

En un jardín privado cedido por un mandatario europeo sensibilizado con la causa LGTBI. Allí tuvo lugar en 2019, el primer concurso del orgullo trans en Uagadugú. El evento fue privado, se limitó el número de asistentes para evitar que las informaciones sobre esta fiesta circulasen por la ciudad. Solamente se podía asistir con una tarjeta de invitación entregada por los organizadores a las personas de confianza del círculo LGBTI burkinés.

El objetivo era evitar el boicot del evento o poner en riesgo la seguridad de los asistentes al recinto. Se trata de una sociedad tradicional, donde sigue primando la justicia dictada por líderes religiosos y tradicionales. Si los sectores radicales conservadores supiesen que existen este tipo de celebraciones que van en contra de la moral y religión, los asistentes podrían poner en peligro su integridad física.

Este acontecimiento que reunió a alrededor de 50 asistentes, fue una primicia en el país. Once hombres homosexuales transgénero compitieron por el premio a Miss Burkina 2019 y diez mujeres trans por el puesto al mejor Mister. Al final hubo tres finalistas que recibieron como premio el título de Miss Idahot, las siglas en inglés de Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia.

Los concursantes desfilaron ante un ilusionado y festivo público, pero no pudieron acudir a la gala desde su casa ni vestidos con sus trajes de competición ni con sus pelucas o maquillaje. Travestirse en público es un acto que muy pocos en el país osan realizar ya que ello podría suponer el encarcelamiento o el linchamiento. Eventos como este, permiten a los jóvenes salir de la situación de opresión y secretismo en la que viven su día a día así como conocer a otras personas del colectivo, lo que les ayuda a no sentirse solos. En estas fiestas privadas consiguen quitarse las cadenas de la tradición y ver que pueden expresarse libremente de una forma que está absolutamente prohibida en el imaginario colectivo burkinés.

En este país no existen bares específicamente LGBTI donde poder reunirse, travestirse y ligar libremente. Si bien es cierto que en algunas discotecas más libres saben que pueden asistir y conocer a personas de su misma orientación sexual, cualquier beso o gesto de cariño podría desencadenar en un conflicto con el resto de personas heterosexuales. Así pues, estas fiestas privadas LGBTI son una válvula de escape para estos jóvenes trans.

Extracto del articulo publicado en: https://elpais.com/elpais/2020/01/15/planeta_futuro/1579091398_050651.html

ESTO ES SOLO PARA QUIEN SE QUIERA EDUCAR-NO BINARIO?

El siguiente texto es una carta abierta del chef Sumito Estévez a su hija de 24 años Dumel, quien se encuentra en transición luego de vivir durante todo este tiempo como Pablo. En ella cuenta las sensaciones que atravesó y cómo experimentó el dificultoso camino de la valiente joven.

Sumito Estévez es uno de los cocineros venezolanos más reconocidos en el mundo. Hace 24 años nació su hijo a quien bautizó Pablo. Sin embargo, ahora decidió que la llamaran como verdaderamente se siente.

A Dumel. Mi más grande amor*.

Cuando leí el comentario de Juan en su propio Facebook me asusté. Sentí un escalofrío que me impulsó a cerrar el programa. Al rato volví abrirlo, releí y lo desactivé como mi amigo de Facebook. No tanto por rabia hacia él, sino más bien con desazón. Juan es una persona bastante inteligente, alguien que aprecio. Aun así, ese día escribió ‘a esas mierdas habría que matarlas’. Una de esas ‘mierdas’ es mi hija. Mi Dumel.

Dumel fue bautizado Pablo hace 24 años. Ahora nos pide que no le digamos más PabloNos pide que le digamos ella.

Ha sido dificilísimo para su madre y para mí. Pero este escrito no es sobre mí. Yo, su orgulloso padre, yo el que la ama con absoluta parcialidad, yo que la admiro mucho, yo soy simplemente el mecanismo para explicar qué significa ser transgénero no binario.

Ni siquiera estoy seguro de entender todavía quién es ahora mi hija. Pero da igual lo que yo hubiese preferido. Da igual algo que inclusive choca con algunas de mis creencias religiosas. Sólo sé que Dumel nunca ha sido una persona impulsiva, contestataria con ánimos de crear caos a su alrededor por frivolidad. Alguien que hubiese tomado una decisión por llamar la atención o por moda generacional.

Estoy absolutamente seguro de que Dumel se lo pensó un montón antes de hablar con nosotros. Y luego de hablar con ella en muchas jornadas, me puso a pensar. A revisar. A leer. Inclusive le pedí que me recomendara textos porque quiero entender.

Dumel es una alumna excepcional. Le resulta gracioso cuando afirmo que ella es una intelectual y lo niega riendo. Pero para mis parámetros lo es. Me gusta dialogar con ella, escucho con mucho cuidado lo que tiene que decirme y suele responder mis cartas con una redacción y ortografía preciosas. Ese hecho me enfrentó al primero de mis prejuicios. Me di cuenta que el que me impresionara que alguien ‘intelectual’ fuese trans significaba que en el fondo veía a los trans como personas incapaces de serlo. Me dio vergüenza darme cuenta que podía pensar así. Así ha pensado antes la humanidad de los negros (brutos e inferiores intelectualmente), de los gays (frívolos, promiscuos y sólo buenos para el arte), de las feministas (machas frígidas que nunca le ven el lado bonito a la vida), de los inmigrantes (sucios e incivilizados que sólo sirven para obreros)… pero resulta que tengo una hija que es alumna excelente y que me recomienda que me lea los textos de filosofía de Paul B. Preciado o de Judith Butler.

La historia está alfombrada de ejemplos históricos en donde hemos empujado a distintos grupos a guetos y luego nos quejamos porque en ese encierro formen comunidades. Son guetos que en lugar de buscar la manera de entenderlos, integrarlos en diálogo de comunidades o al menos tolerar, convertimos con nuestra mirada en círculos paralelos. Que los negros vivan entre negros o los blancos entre blancos y terminen por crear culturas paralelas, que los pobres vivan entre pobres en lugares lejanos olvidados por las políticas culturales del estado y luego digamos que son pobres porque les gusta serlo, que los gays se encuentren solo en bares gays porque en nuestro restaurante todo el mundo se reiría si uno le pide matrimonio a otro (ícono del romanticismo gastronómico que siempre levanta ternura), que los inmigrantes vivan en edificios gigantes de apartamentos minúsculos que terminan por ser naciones extranjeras en sí mismos para que luego digamos que no les gusta integrarse a la nación que los recibió, o que los judíos vivan en urbanizaciones de judíos; no es un triunfo humano. Todo lo contrario, es nuestra derrota como humanos.

Esta carta para mi es en extremo difícil. Sí, porque cuesta mucho contarle a tu familia, a tus amigos, a tu fraternidad religiosa, a tantos que te han escuchado hablar con frecuencia con admiración y amor sobre Pablo, que ahora tienes una hija. Otra más. Que no volverá a ser Pablo y mis dos hijas, sino mis tres hijas. Y me da rabia sentir ese pudor, porque es ella la que ha sido valiente en extremo y soy yo quien sigue poniendo el foco sobre mí. No, el protagonista de esta historia no soy yo. Tampoco ella. Es en extremo difícil además porque me enfrento a un escenario del que honestamente no sé bien qué pensar. Sólo sé que la amo.

II

¿Por qué me decidí a escribir y pedirle permiso a ella para publicarlo? Hay dos razones. Por un lado porque hace un tiempo Dumel me dijo por teléfono: ‘Papá a ti te sigue mucha gente en las redes. Quizás si escribes, otros entiendan’. En ese momento pensé que esto me sobrepasaba como para que de paso me pusiera a hacerlo público. La otra razón es porque en tiempos en que es muy mal vista la homofobia, quienes ejercen el odio usan la transfobia para expresar su frustración. El Juan amigo mío jamás escribiría hoy, refiriéndose a un gay, ojalá maten a esa mierda; pero ese Juan se sabe en territorio más seguro si su odio lo dirige a un trans.

Me decidí a escribir esto porque si consigo al menos que una persona se sensibilice y decida no agredir a una persona trans, sentiré que habré ganado a una persona hacia el territorio de la misericordia cristiana (en la que creo con alma y convicción absolutas) y la habré alejado de la posibilidad de agredir a mi propia hija.

Yo hubiese preferido que Pablo siguiese siendo Pablo. No lo voy a negar. No por prurito moral sino porque tengo mucha historia con un él y no con una ella, y ¿por qué no? Porque me da un poco de pena con mis amigos. Así como ella tiene derecho a decirme ‘Papá preferiría que te dirijas a mí en femenino’, yo tengo derecho a que ella sepa eso de mi. Que sepa que me da todavía un poquito de vergüenza cuando me preguntan ¿Cómo está Pablo? Y no sé si decir sólo bien o echar el cuento completo.

Pero desde que me lo dijo, luego de pasar el trago amargo, nuestra relación es más bonita, más cercana. No siento que esto es una prueba (para empezar no creo que Dios nos ‘pruebe’ pero eso es harina de otro artículo) e, irónicamente, siento que el ser tan profundamente católico como soy me preparó muy bien para lo que nos viene a ella, a su Mamá y a mí como padre, madre e hija. Yo no termino de entender bien qué es un transgénero no binario, pero entiendo perfectamente que jamás podría agredir o dejar de amar a alguien por ser distinto. Eso lo aprendí de mi relación con Dios.

Hace poco él me decía: –Una cosa es negarnos la identidad (que ya es un montón) pero ¿pedir que nos maten?– y yo le contesté: –Así fue hace nada con los gays, pero el mundo termina entendiendo. Eso es lo bello de la humanidad, mi amor-. Releo este párrafo mientras corrijo el escrito y noto que lo empecé con él y no con ella. Ella quiere que le diga ella y mis dedos siguen acostumbrados a escribir él. Mi tentación fue corregir, pero también siento que es parte de nuestra historia y lo seguirá siendo por un tiempo. Ambos estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo. Ella y su Papá.

¿Qué su Mamá y su Papá están aterrados? Obvio. Da terror la agresión gratuita, la mirada capciosa, las oportunidades laborales, los aeropuertos con sus policías. Pero Dumel es excepcional y en un momento nos dijo: ya tengo suficiente miedo como para tener que sumar los suyos.

III

Resumido groso modo, una persona trans no binaria es alguien que por una parte no se siente identificada con el género que se le asignó al momento de su nacimiento, y por otra -esto es lo más difícil-, no necesariamente se siente ni hombre ni mujer.

esto no tiene nada que ver con sexo. Nuestra obsesión con el sexo es tan profunda y binaria que hasta hace nada si conocíamos una pareja gay nos preguntábamos ‘¿quién será el hombre y quién la mujer?’ en lugar de pensar en su vida intelectual, empática, emocional.

No pretendo que entiendan. Esto no se trata de entender sino de derechos humanos. Del derecho de cualquier persona a tener una vida digna, un trabajo, un techo, a caminar sin miedo, a ir un museo, a tener pareja… una identidad.

Insisto, no pretendo que entiendan. Yo mismo no termino de entender que el mundo no sea binario. Es decir, hombre y mujer con sus respectivas permutaciones. Yo soy absolutamente binario, pero Dumel me explicó algo tremendo: obviamente hay mucha gente que se opera y toma hormonas porque ese cambio de corporalidad son símbolos que necesitan para sentirse de su género, pero también hay muchas personas trans que han terminado por tomar hormonas u operarse porque sienten que la sociedad sólo los aceptaría hombre o mujer. Así sea hombre o mujer “con operación”. La imagen de que alguien que no quería operarse lo hizo (eso es una mutilación) para poder encajar en una sociedad me persigue.

Así que, nos guste o no, hay humanos hombres, humanos mujeres, humanos gays, humanos que nacieron con el genero al revés y humanos que no se sienten ni hombre ni mujerHumanos. Insistiré hasta el cansancio: humanos.

IV

Siendo honestos cuando veo fotos de Dumel no es ni un macho-macho ni una hembra-hembra. Desde mi visión binaria (voy más allá, para la comunidad trans yo soy un ‘cis’ porque me identifico con el género que me fue asignado al nacimiento) me cuesta entender a este ‘hombre disfrazado de mujer’, pero tengo suficiente millaje en la vida para entender que ni es la única, ni le está haciendo daño a nadie con ello. Todo lo contrario.

Probablemente me pide que le diga ella porque claramente no se siente un él… y porque en español no tenemos un pronombre para ese caso.

Todos los años el diccionario de habla inglesa Merriam-Webster elige las palabras de uso cotidiano que la población incorpora (antes de Gutenberg nadie decía ‘imprimir’ porque no se había inventado la imprenta, por ejemplo) y este año 2019 la palabra del año fue ‘THEY’. En inglés, al igual que en el español, no existe neutralidad de género en palabras como todos/todas o algunos/algunas. Tampoco existen pronombres singulares sin género (es she/he en inglés o él/ella en español)… pero el ‘ellos/ellas’ del español sí es neutro en inglés y se escribe THEY. Es decir, si traducimos al inglés ellos o ellas, en ambos casos la palabra es They. Esa es la razón por la que They se ha adoptado para referirse en inglés a quien se identifica como no binario. Así que a falta de un they en español, es natural que Dumel me pida que me dirija a ella en femenino… o al menos así lo sentía yo hasta que Dumel leyó lo que acabo de escribir. Copio textualmente algo que me escribió al respecto cuando leyó el párrafo anterior:

‘Pues tenemos el uso de la <e> o la <x> que muchas personas no binarias lo ocupan. No invisibilices esto que por más que no está aceptado por la gran mayoría de las instituciones es algo que se está dando popularmente (y es ahí donde se transforman los idiomas en realidad). Yo prefiero el femenino porque me cuesta usar el neutro y no me termino de sentir cómoda y porque me siento bastante dentro del espectro de la femeneidad’.

Los trans no binarios estaban encerrados en el clóset. Como tantos otros antes en la historia de la humanidad. Escondidos como alguna vez lo estuvo cualquiera que pensara o sintiera distinto en cualquier circunstancia. Estar encerrado en el clóset es estar sometido o sometida a humillaciones abyectas, a guetos. A escaleras para subir que no tienen los peldaños.

Las estadísticas asociadas a la comunidad trans son un espanto. Las ONG manejan los 35 años como cifra de expectativa de vida y recientemente CNN decía en una noticia que 12% de las personas trans son agredidas en el mismo trabajo. En particular ese miedo no lo tengo porque Dumel no viene de un gueto y obviamente posee recursos emocionales y una familia que lo apoya, lo que obviamente no es el caso de quienes han sido expulsados y expulsadas de su casa a la mala para que tengan que sobrevivir como puedan.

Esa realidad del gueto mi hija la tiene clara. Está por ir a Europa a especializase en sus estudios de agricultura y me comentó que en algún momento le gustaría crear una empresa de paisajismo urbano que forme y contrate trans. Su idea es empática y es muy inteligente por pragmática. Son esos pequeños pasos los que construyen sociedades que, aunque no se toleren, aprendan a dialogar.

Hasta hace poco decíamos ‘tengo un amigo negro pero es inteligente’. Hasta hace poco decíamos ‘tengo un amigo gay pero es chévere’A mi Dumel le tocará vivir eso una y mil veces. La gente dirá cosas como ‘Sumito tiene un hijo que ahora es una vaina rara trans pero es inteligente’. A Dumel le tocará equilibrar sus búsquedas con las de su padre católico que pertenece a una iglesia que lucha contra lo que califica de ideología de género, pero de algo estoy seguro: Dumel podrá con eso y no habrá un día que no sea parte del bien común.

Y sí Dumel, mi amor, tu Padre al hacer público este escrito tiene miedo como también lo debes haber tenido tú cuando saliste del clóset. Pero debes tenerme paciencia. Tu padre tiene miedo. Es natural“.

* NOTA: Este escrito fue ampliamente discutido entre Dumel, su Mamá y su Papá. Los tres acordamos que se publicara. Más allá de la intención confesional y de búsqueda de sensibilización ante un escenario complejo, publicarlo es una decisión muy meditada.

informacion tomada de: https://www.infobae.com/america/venezuela/2019/12/27/la-conmovedora-carta-de-un-famoso-chef-profundamente-catolico-a-su-hija-dumel-transgenero-no-binario/

Vivir como LGBT en zona de guerra

Nixon Ortiz, presidente de la fundación Arco Iris, lucha por el reconocimiento de las personas LGBT en Tumaco, una región donde agredirlas se volvió una demostración de poder.

Cuando tenía 13 años, Nixon Ortiz se despidió de su abuela para irse a vivir con su novio a ‘El Infiernito’, la zona de tolerancia del municipio de Tumaco. Estaba enamorado y listo para aceptar en público su homosexualidad, pero en su cabeza lo asaltaba, día y noche, el mismo pensamiento: “Yo soy marica, negro y pobre, ¿qué futuro me puede esperar?”.

Era 1982 y la sociedad de Tumaco rechazaba a los homosexuales, los perseguía o los obligaba a vivir como parias, arrinconados en ambientes marginales de alcoholismo y drogadicción. Nixon, quien pasó allí su adolescencia, asegura que de no ser por los valores que le inculcó María Ocampo, su abuela, habría terminado en ‘El Infiernito’ toda la vida.

María, mientras hacía sus quehaceres, sin quitar los ojos del fogón o de la escoba, solía decirle a su nieto: “Yo sé que usted es raro, pero eso no importa. Siga adelante. Estudie”. A los 13 años, en vez de estudiar, Nixon trabajaba como empleado doméstico. Barría, trapeaba, cocinaba y, sobre todo, lavaba ropa por montones: la de los Polo, los Jiménez, los Zambrano. Cada día restregaba y enjuagaba hasta once docenas: unas 130 prendas.

Ganaba $1.500 mensuales, y si bien agradecía el trabajo, quería algo más para su vida y lo encontró en la danza. “Me uní a un grupo llamado Escuela Tumaco –cuenta– y fue una revelación. Me di cuenta de que en las artes no cuestionan tu sexualidad. Eres libre. Una persona más”. Nixon pasó por varios grupos folclóricos y descubrió que lo suyo era el currulao, los torbellinos, el patacoré y otros ritmos ancestrales del Pacífico.

Y nunca olvidó el consejo de su abuela. A los 25 años se hizo bachiller, luego se graduó como normalista, estudió un pregrado en etnoeducación y una maestría en liderazgo y gestión escolar en Chile.

Hoy, a los 50 años, Nixon preside la Fundación Arco Iris, que creó con varios compañeros hace siete años para ayudar a la comunidad LGBT de Tumaco. La sede, una casa blanca del barrio Nueva Independencia, es un lugar que acoge, acompaña y apoya a la población LGBT del municipio.

El trabajo más desafiante ha sido luchar por que se reconozcan los crímenes contra la población LGBT en la región. “Este es un pueblo azotado por la violencia. Y en esa violencia, los grupos LGBT han sido víctimas de todo tipo de crímenes: desplazamiento, persecución,
asesinatos. Pero esos crímenes se han infravalorado. Muchos ni siquiera se han registrado. Estamos empeñados en que se reconozcan y salgan a la luz. Que se sepa la verdad. Pedimos verdad”.

Defender los derechos de una minoría vulnerable, en un municipio cuya tasa de homicidios es cuatro veces mayor que la tasa nacional, supone un riesgo latente. En 2017, a Carlos Arturo Paneso, uno de los activistas de la fundación Arco Iris, lo mataron cuando salía de su casa. El propio Nixon arriesga su vida en un municipio donde 15 líderes sociales han sido asesinados desde 2018.

Uno de los casos más crueles contra la población gay ocurrió en mayo de 2017, cuando Alexis Guiño fue torturado, empalado y apuñalado hasta la muerte en la vereda Piñal.

La violencia contra las personas LGBT no responde al azar sino a dinámicas sociales del país, en las que la discriminación no se concibe como un delito grave. Esta población ha sido amenazada, hostigada, violada, asesinada.

La fundación Arco Iris ha recopilado los delitos contra la población gay para llevarlos a la justicia. Su trabajo no ha sido en vano, en gran parte gracias a la fundación Caribe Afirmativo y a Colombia Diversa.

Entre ambas fundaciones entregaron dos informes a la JEP, uno de Antioquia y otro de Tumaco, que documentan los casos de violencia contra la población LGBT en el conflicto armado. Es un hecho histórico, pues por primera vez en la historia mundial se presentó el crimen de persecución contra personas LGBT ante un tribunal de justicia transicional.

En Tumaco, Colombia Diversa presentó un informe de 8 casos, 7 cometidos por las Farc y uno con autor no identificado. Según Daniela Díaz, abogada de la organización, en el municipio se hizo un ejercicio de identificación de patrones de violencia contra personas LGBT. Para calificar estos patrones, se propuso el crimen internacional de persecución, reconocido como de lesa humanidad por el Tribunal de Roma.

“Discriminar –dice Daniela– puede alcanzar los niveles de un crimen internacional. Por eso existe el crimen de persecución desde el tribunal de Núremberg, que juzgó a los peores criminales de la Segunda Guerra, particularmente de los países del eje”.

De acuerdo con los expedientes presentados a la JEP, en Tumaco la violencia contra las personas LGBT por parte de las Farc fue una demostración de poder y una forma hacerse valer en el territorio.

Allí, el grupo guerrillero tenía dos modus operandi. El primero era engañar a varias personas para que se alejaran de la cabecera municipal. Luego, en zona rural, los violentaban de diversas formas: desnudez forzada, acceso carnal violento, golpizas, entre otras.

El segundo modus operandi era el desplazamiento circular, en el que las víctimas eran golpeadas, insultadas, ultrajadas y obligadas a salir del territorio. Tiempo después, cuando regresaban, la historia se repetía. “Ese desplazamiento circular niega por completo la posibilidad de tener un proyecto de vida”, dice Daniela.

La JEP tiene identificados mandos bajos, medios y altos de la guerrilla, y estaría llamada a entregar esa información a los abogados de las Farc para que lo desmovilizados la procesen y, una vez den de sus versiones voluntarias, se refieran a los informes.

Hoy, contar en pasado lo que sucede en Tumaco sería mentir. La violencia continúa. En la región que antes ocupaban el Frente 29 y la columna móvil Daniel Aldana, operan unos 17 grupos armados.

Para Nixon, el miedo es latente, pero no más fuerte que su convicción. Mañana saldrá de nuevo a la calle, con su camiseta amarilla decorada con un Arco Iris bajo el cual se lee, en letras tejidas en hilo negro, muy visibles, la sigla LGBT.

Articulo extraído de: http://justiciarural.com/vivir-como-lgbt-en-zona-de-guerra/

La compleja realidad de ser gay en América Latina

Una noche de febrero de 2008, Luis Alberto Rojas Marín dice que su vida cambió para siempre.

A los 26 años de edad, este hombre gay peruano fue arrestado por agentes de la policía mientras regresaba a casa poco después de la medianoche. Durante las seis horas estuvo bajo custodia policial, dice, fue desvestido, violado con un bastón y abusado verbalmente por agentes de policía antes de ser soltado.

Todo esto, dice, por su sexualidad.

Las autoridades peruanas investigaron el incidente e informaron que Marín fue detenido luego de que vecinos informaran de personas desconocidas en las inmediaciones de la carretera. Las autoridades también informaron a la Organización de Estados Americanos (OEA), que ha estado investigando las acusaciones, que habían realizado una investigación exhaustiva y no encontraron indicación alguna de los actos descritos por Marín.

En los nueve años desde ese entonces, Marin se ha quejado, pero pocos han escuchado. Después de varios intentos fallidos para que su caso sea oído en Perú, Marin lo llevó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, que monitorea y protege los derechos humanos en las Américas. La comisión escuchó su caso el 1 de diciembre.

Marin dice que espera tener una respuesta pronto – no está claro cuando la comisión emitirá su fallo – pero lo que realmente quiere es justicia para cualquier otra persona que pueda haber sido violada o torturada por su sexualidad.

“Me hubiera gustado poder haber pasado la página con este tema, y poner esto detrás de mí, pero estoy mostrando mi cara para todos (los que han sido víctimas)”, dice. “No estoy haciendo esto por mí, estoy haciendo esto porque soy un ser humano que suplica y pide justicia para todas las personas que han sido víctimas y cualquier persona que podría haber muerto”.

Su caso no es aislado. Casi 600 personas murieron a lo largo de América Latina por la violencia contra la población LGBT entre enero de 2013 y marzo de 2014, según un informe de la CIDH de 2015.

El informe de la CIDH y otros informes de la región muestran que la violencia contra las personas LGBT es cada vez más extrema. A menudo son apedreados, torturados y violados antes de ser asesinados, y los crímenes suelen quedar impunes.

Muchas veces, los crímenes contra la población LGBT no son reportados por miedo a las represalias y el escepticismo del sistema de justicia.

Violencia a pesar de las leyes progresistas de protección a la comunidad LGBT

América Latina ofrece una narrativa contradictoria: la región tiene las tasas más altas de violencia contra la comunidad LGBT, según una investigación realizada por Transgender Europe, una organización no gubernamental, pero también tiene algunas de las leyes más progresistas para la igualdad y la protección LGBT.

Mientras que muchos derechos LGBT en los Estados Unidos están enredados en disputas legales en estados individuales, en América Latina, las leyes sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción, el cambio de género en las tarjetas nacionales de identidad y las leyes contra la discriminación entraron en vigor en la década pasada, muchos de ellos antes de que la Corte Suprema de Estados Unidos legalizara el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, prometió recientemente seguir impulsando una ley que permita matrimonios entre personas del mismo sexo. La ley chilena ya permite a las parejas del mismo sexo entrar en uniones civiles y las leyes del crimen de odio del país incluyen protección por orientación sexual.

Sin embargo, los jóvenes LGBT en Chile dicen que todavía tienen miedo.

Sebastián Urrutia Lutz, un hombre gay, fue atacado en 2012 por un grupo de hombres mientras salía de una fiesta en un barrio gay de Santiago. Sebastián dice que había testigos allí mientras él era salvajemente golpeado en la calle. Le dice a CNN que nadie ha sido procesado por los eventos de esa noche.

Después de su ataque -y después de ver la ola de violencia anti-LGBT que se está extendiendo en la región- Lutz dice que no se siente seguro en absoluto.

“He escuchado historias de otras personas que han muerto, y amigos que me dicen que otros han sido golpeados por otras pandillas”, dice. “Es frustrante oír esto todos los días y que nadie haga nada al respecto”.

Y agrega: “Vivimos aquí, así que tenemos que lidiar con ello, pero es desgarrador”.

Lutz argumenta que mientras más personas LGBT han estado revelando públicamente su sexualidad en Chile, parte de la violencia es una reacción negativa a la aceptación creciente de la sociedad de la comunidad LGBT.

“Eso ha hecho que mucha gente que no le gusta (la gente LGBT) se sienta más frustrada porque nuestra sociedad nos acepta y nos considera personas normales”, dice. “Ellos están muy enfadados y quieren expresar eso”.

Hoy en día, el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal en Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y en varios estados mexicanos, además de la Ciudad de México. El presidente mexicano Enrique Peña Nieto firmó una medida propuesta en 2016 para hacerla legal en todo el país, pero la comisión parlamentaria que se ocupa de cambios en la constitución votó a favor de derribar la propuesta de Peña Nieto.

Chile y Ecuador permiten las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Catorce países latinoamericanos también han aprobado leyes que prohíben la discriminación en el lugar de trabajo basada en la orientación sexual. Muchos países como Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay ahora permiten que las parejas del mismo sexo adopten.

En Bolivia, se permite a las personas transgénero y transexuales cambiar sus tarjetas de identificación nacional, pero el país -junto con Paraguay– ha instituido una prohibición constitucional a los matrimonios entre personas del mismo sexo.

El progreso en la aceptación LGBT

Para Javier Corrales, profesor de ciencias políticas en el Amherst College, hay tendencias positivas en la región. Pero dice que es difícil saber si la violencia está aumentando o si las víctimas ahora están más cómodas hablando en contra de sus agresores.

“Hace quince años, hace 20 años, la región probablemente parecía un poco desesperanzada – y aún así hemos visto progresos, por lo que uno podría sacar lecciones de eso”, dice.

Corrales agrega que una de las lecciones más importantes de la región “es que en América Latina, los movimientos LGBT pudieron conectarse con los defensores de los derechos humanos, y esa alianza resultó muy fructífera”.

Luis Larraín, presidente del grupo chileno LGBT iguales, dice que su país puede no ser tan avanzado como otros en América Latina, pero ha avanzado.

“En los últimos años ha habido un cambio muy notable por parte del pueblo, con su apoyo, y en el plano político, con un gobierno que ha aprobado las uniones civiles”, dice.

Por otra parte, Venezuela encabeza la lista de la falta de derechos para las parejas del mismo sexo o miembros del grupo LGBT, dice Omar Encarnación, politólogo del New York’s Bard College y autor de Out in the Periphery: Latin America’s Gay Rights Revolution (La Revolución Latinoamericana de los Derechos Gay).

El gobierno tradicionalmente izquierdista no ha hecho casi ningún progreso significativo en el reconocimiento o protección de miembros de la comunidad LGBT. La situación “desestima esta idea que cuanto más hacia la izquierda estés, es más probable seas favorable a la comunidad gay”, dice Encarnación.

Las parejas del mismo sexo no tienen protección o derechos bajo la ley venezolana, y actualmente no hay mecanismos para que una persona transgénero o transexual cambie su nombre y género en sus documentos legales.

Un informe de 2015 elaborado por asociaciones venezolanas LGBT para las Naciones Unidas dijo que los miembros de la comunidad “viven constantemente situaciones de discriminación” y que la falta de protección para los ciudadanos LGBT “los hace ciudadanos indefensos en un ambiente de crecimiento alarmante de homofobia y transfobia”.

En diciembre de 2016, Isabella Saturno y su pareja fueron reprendidas en un restaurante de Tony Roma en Caracas por ser “demasiado cariñosas”.

“El gerente nos trajo la cuenta y nos pidió que no fuéramos tan cariñosas, mi pareja y yo nos comportamos como una pareja normal, un abrazo o un pequeño beso, un nivel normal de afecto de una pareja enamorada”, dice Saturno.

Su experiencia provocó protestas y Tony Roma’s respondió diciendo que el tipo de acciones que llevaron al incidente “son inapropiadas en lugares públicos y van en contra de la moral y el respeto hacia los demás”. Añadieron que el restaurante “orgullosamente sirve a personas de todas las razas, religiones y preferencias sexuales”.

“Venezuela desafortunadamente está en el último lugar de América Latina”, dice Ana Margarita Rojas, quien trabaja para una organización LGBT en Venezuela. “La situación es muy mala, estamos siempre en el limbo”.

El grupo de Rojas, Reflejos de Venezuela, pretende cambiarlo educando y creando un censo de personas LGBT que viven en Venezuela. Ella dice que espera que sus esfuerzos ayuden a cambiar las percepciones de la gente.

A pesar de todo el marketing y el esfuerzo que su organización y otros en toda Venezuela han puesto en los últimos años, tienen muy poco que mostrar, le dice a CNN.

“Mi pareja y yo somos una pareja de lesbianas con un niño en busca de reconocimiento”, explica, agregando que hay muy pocas parejas que se dan a conocer porque temen represalias contra ellos o sus hijos.

Raíces culturales y religiosas

Las iglesias católica y evangélica también juegan un papel importante en la formación de la opinión social y política en la región.

“Si nos fijamos en la religión como variable, lo que encontramos es que cuanto más católico sea el país, más probabilidades habrán de aceptar la homosexualidad y viceversa”, dice Encarnación.

“Cuanto más protestantes son, menos probabilidades tienen de aceptar esto y menos probabilidades tienen de tener una legislación activa sobre los derechos de los homosexuales”, añade.

Encarnación añade que las personas LGBT que viven en países dominados por iglesias evangélicas tienden a ser las que tienen más dificultades.

Las iglesias católica y evangélica tienen puntos de vista similares sobre la homosexualidad, aunque hay diferencias notables.

Aunque ambos se oponen a la homosexualidad, “el clero católico tiende a ser menos opuesto a los estatutos contra la discriminación que el clero evangélico”, explica Corrales.

“A veces, el clero católico se ha pronunciado a favor de las uniones civiles mientras todavía se oponen al matrimonio homosexual”, añade.

Crissthian Manuel Olivera Fuentes, que trabaja para MHOL, el Movimiento Homosexual de Lima, dice que algunos sacerdotes evangélicos en el Perú han salido con fuerza en los últimos meses predicando que la homosexualidad es una enfermedad que se puede curar.

Los activistas que hablaron con CNN dicen que los jóvenes LGBT latinoamericanos también continúan luchando con una cultura de “machismo” y sexismo. Los niños y los hombres son empujados a ser viriles y tienen un orgullo masculino exagerado. Las mujeres son empujadas a ser sumisas a sus maridos y actúan muy femeninas.

Perspectivas regionales: todavía hay trabajo por hacer

Según los analistas, el panorama conjunto en América Latina es alentador, pero todavía hay mucho de qué preocuparse.

Marin dice que independientemente del resultado de su caso en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, nunca dejará de pelear.

“Todos debemos ser tratados por igual”, dice.

Los activistas con los que CNN habló dicen que les gustaría ver más reconocimiento de las parejas del mismo sexo, así como la legalización del matrimonio a través del continente. También les gustaría ver menos impunidad por los crímenes contra las personas LGBT y un acceso más amplio a la atención de la salud y el asesoramiento para los miembros de la población LGBT.

En la región, la opinión pública parece estar cambiando hacia la tolerancia. Una encuesta realizada por ILGA mostró que el 81% de las personas en las Américas no tienen preocupación por la sexualidad de sus vecinos.

Varsovia y los premios LGTBI

“La causa LGTBI es universal. Nadie puede monopolizar esta causa, ni plataformas, ni oenegés, ni partidos políticos, ni empresarios ni administraciones”

Recientemente se han cumplido 30 años del cierre de Varsovia. Uno de los más emblemáticos pubs de Córdoba, que denominábamos de ambiente. Un punto de encuentro para homosexuales y modernos en general, donde acudíamos en los 80 a disfrutar de la noche y a ligar, con música muy actual y vestimentas atrevidas e innovadoras.

La homosexualidad, aunque ya no estaba penada, seguía siendo tabú con la familia y amigos. Era en los lugares como Varsovia, Suspiros de España, El Niño Perdido, Y Sin embargo, Burbujas, Mermelada o Portón 4, donde hacíamos realidad la liberación sexual que tanto se ansiaba. En ellos nos relacionábamos, ya que no había ni internet, ni Tinder, ni Grindr ni Facebook.

Estos empresarios no solo sacarían su beneficio económico sino que también contribuyeron a identificarnos quienes compartíamos una misma sexualidad, que hasta el momento provocaba rechazo social y que nos veíamos forzados a la invisibilidad. Por la cuenta que nos traía, ante tanta presión social, solo salías del armario en esos ambientes de liberación, modernidad y tolerancia. En estos pubs, por las relaciones y contactos, surgieron colectivos, asociaciones y ONG en defensa de la diversidad y la liberación sexual. Benditos negocios que tanto bien nos hicieron a todos y a la causa LGTBI.

Estas experiencias forjaron en mí una actitud reivindicativa sobre la diversidad. Como activista de esta causa justa y viva, en la que estaré hasta que me muera, he recibido premios y reconocimientos de Colegas, Arco Iris y el premio activista en los Segundos Premios LGTBI de Andalucía. Agradezco a todos ellos el reconocimiento a mi humilde contribución, pero no me parecen más que distintas formas de reivindicar y luchar por la normalización social del colectivo y contra la LGTBIfobia.

No hay solo una única manera de reivindicación. La causa LGTBI es universal. Nadie puede monopolizar esta causa, ni plataformas, ni oenegés, ni partidos políticos, ni empresarios ni administraciones.

Recientemente se han celebrado los Terceros Premios LGTBI Andalucía. IU, su organización Aleas y Vox se han manifestado en contra de la celebración de estos premios, por mercantilistas, unipersonales y porque utilizan dinero público.

¿Se puede pagar con dinero público la visita a la revolución bolivariana de Venezuela y no se pueden pagar unos premios LGTBI? Es evidente que se pueden pagar, independientemente de que yo no financiaría con dinero público ninguna de ambas actividades. No entiendo lo de mercantilizar la causa y lo de ser una convocatoria unipersonal, cuando aparece el colectivo Colegas como organizadores.

Algo parecido ocurrió en Madrid, donde la fiesta del orgullo también fue criticada en su día como mercantilista y alejada de la reivindicación de la causa por la diversidad. Hoy, afortunadamente, solo a Vox se le ocurre criticarla, y se ha convertido en un gran evento a nivel internacional. Aquí cerca, en Torremolinos, los empresarios de los pubs de ambiente de la Nogarela organizan y financian el orgullo.

Me alegra que a mi ciudad hayan venido Grande Marlaska, Palomo Spain, Toñi Moreno… a reivindicar la diversidad y los derechos del colectivo LGTBI. La pena es que haya habido una polémica innecesaria que ha ensombrecido el mensaje principal, y es que la normalización no se ha conseguido y que al colectivo le queda mucha lucha por delante para alcanzar la normalización social y laboral.

El movimiento LGTBI tiene una forma especial de reivindicarse en el mundo. A pesar de tanto sufrimiento y persecución, el orgullo viene siendo especialmente festivo, alegre y divertido. No debemos restar a esta causa. Todos somos necesarios. Demos muestra de generosidad y respeto a la diversidad en todas sus formas.

* Exdiputado por Córdoba

Extraido de: https://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/varsovia-premios-lgtbi_1337592.html

Feminicidio y LGBTIcidio: una respuesta de la masculinidad patriarcal

Por Waquel Drullard

En el sexenio pasado alrededor de 473 personas LGBTI fueron asesinadas en México por motivos de identidad de género y/o orientación sexual. Esto quiere decir que, al año, unas 79 personas de la diversidad sexual fueron asesinadas por no ser “coherentes” con el orden heteronormativo sexo–género binario, traduciéndose en 6.5 homicidios por mes según la organización civil.

México, después de Brasil, es considerado a nivel mundial el más peligroso para ser una persona que vive fuera del mandato heterosexual; es el territorio donde más prevalecen crímenes de odio contra personas LGBTI, especialmente contra mujeres trans por ser mujeres trans. Es importante reflexionar y problematizar la cuestión, en cuanto las personas LGBTI asesinadas no solo son un daño colateral o un producto propio de la inseguridad ciudadana y el espiral de violencia estructural que experimenta el país desde hace décadas.

Es decir que los crímenes de odio contra poblaciones de la diversidad sexual no solo encuentran explicación en ese enredado campo de fuerzas multiactor que confluyen en México, como son el Estado y sus instituciones (algunas débiles, coludidas y cómplices), el crimen organizado, y los carteles de drogas, como se ha querido confeccionar desde ciertas narrativas tradicionales (medios de comunicación, política doméstica–seguridad nacional) en un intento de justificar el alto número de asesinatos de personas LGBTI, de femicidios, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, etc., sino que el asesinato de personas LGBTI se explica en gran medida en términos necropolíticos, donde la práctica hegemónica de la heterosexualidad obligatoria y de la dictadura binaria “mujer-hombre/sexo-género” persigue, condena, hostiga y busca desaparecer a los cuerpos desobedientes que se salen del orden heteropatriarcal.

Similar a la situación de las mujeres, sujetos construidos como tales entendiendo a “la mujer/las mujeres” como categoría sexualizada/identidad sexocosificada en un sistema patriarcal como la imagen inferior, defectuosa e incompleta en comparación con el “hombre”, específicamente con el varón hegemónico (blanco, heterosexual y con capital), esta construcción de las mujeres como lo subjetivo, lo particular, lo emocional, lo privado –pasivo y lo básico– concreto, construye de manera histórica y en términos relacionales condiciones de desigualdad propiciando de forma “natural” desde la familia (institución doctrinaria por excelencia) relaciones jerarquizadas de supra-opresión generando un falso entendimiento “de lo normal”, replicando el “orden natural” de la dominación masculina en el mundo social.

El cuestionamiento de este orden de dominación sexo-genérico de parte de los feminismos (feminismo de la igualdad, la diferencia, liberal, radical, interseccional, ecofeminismo, comunitario, decolonial, negro, crítico, transfeminismo, etc.) ha provocado la deslocalización de ciertas lógicas de opresiones, poniendo en jaque comportamientos, esquemas y formatos de la masculinidad hegemónica. Es decir, en sus justas dimensiones, los feminismos han observado al patriarcado (con ánimos de deshacerlo), el cual tiene como figura protagonista al “hombre–varón”, entendiendo que, en dicho sistema, el hombre solo es hombre si puede ser “masculino” y para ser masculino se le mandata verticalmente a ejercitar el “poder -sobre”, y el poder es real en cuanto puede ser visible y reconocible por la cultura, logrando así, reconocimiento y estatus social como “varón”.

Ese “ser varón” solo es posible a través del uso de la violencia, mecanismo por excelencia para demostrar el poder y entablar relaciones de supremacía y desigualdad hacia la mujer o al sujeto feminizado. El cuestionamiento de este razonamiento macho-centrado y malvado ha costado la vida de miles de mujeres que son asesinadas por ser cuerpos desobedientes. El costo de desobedecer el poder dado y mandatado al “varón–hombre-macho”, quien en esta estructura es el sujeto ejemplo, objetivo, racional, universal, público, abstracto y literal… surte en una disputa de poder, en la pérdida-ganancia de representación y en el desmantelamiento de la ordenanza patriarcal y la dictadura del varón, lo que ha provocado el despertar de un genio de destrucción de parte de quien pierde el monopolio del poder y la función exclusiva de la fuerza, provocando muerte a quien osa contender: las mujeres.

El feminicidio entonces, como ya lo ha referido Marcela Lagarde, no es un homicidio común. Es el asesinato deliberado de mujeres por ser mujeres, y no hombres. Lo que nos da oportunidad de afirmar que no es el “fulano” quien mata a las mujeres, sino el patriarcado encarnado, el sistema vivo, la violencia testicular y el machismo galopante, que ajusticia (con la legitimidad que le da el “orden natural” y la historia antropocéntrica) aquellos cuerpos feminizados y mujerizados, que culturalmente fueron colocados debajo, al margen, en las orillas, en lo privado y al servicio de los demás (hombres). Es decir, la razón del asesinato de las más de siete mujeres al día, y el cúmulo de las 23.800 vidas de mujeres arrebatas en los últimos 10 en México no es nada más y nada menos que el mensaje contundente que envía el patriarcado a aquellas vidas que se atreven soñar otros horizontes vivibles fuera de las relaciones de dominación masculina.

Entendiendo el feminicidio como un tipo de violencia extrema, no solo de género sino contra las mujeres, suscrita en una política de la muerte siguiendo el concepto “necropolítica” de Achille Mbembe, donde los poderes sociales, simbólicos y culturales son quienes deciden qué vidas merecen seguir vivas y cuáles deberían morir, podríamos decir entonces que las vidas de las mujeres y de aquellos sujetos feminizados son el único pago aceptable que el heteropatriarcado cobra de parte de quienes se atreven salirse de dicho sistema de dominación, contraviniendo los sexualizados esquemas socioculturales y economicistas de dominación cis–heterosexual–binaria-patriarcal.

La población LGBTI, que personifica los cuerpos de la disidencia sexual negando el cuerpo imperial – heterosexual también son vidas precarias, son vidas sin duelo y que no merecen ser lloradas (Butler, 2006; 2010)5. No solo por no suplir el mandato sexo/género, sino también por ser vidas aliadas a las mujeres y construidas/asociadas a lo femenino, resultando ser vidas cobradas por el patriarcado (el cual es siempre heterosexual) por lo cual también son vidas invivibles, de abajo, marginadas y hechas para habitar el habitus (Bourdieu) del servicio a los demás. La proliferación de crímenes de odio en México y en la región no son un daño colateral y un producto de la violencia propia del contexto, sino que al igual que los feminicidios son lgbticidios. Son vidas arrebatadas por ser vidas homosexuales, vidas trans, vidas bisexuales, vidas queer, pansexuales, no binarias… son acribilladas, mutiladas, desechadas y eliminadas porque son cuerpos trasgresores, cuerpos heterodisidentes que, al experimentar otra sexualidad, se convierten en terroristas del binarismo de género y de la heterosexualidad como régimen político (Monique Wittig) y vidas sin permiso a vivir, por ser cuerpos terroristas, enfermos y monstruosos.

El mayor reto que tenemos hoy, en especial en un sistema mundo moderno-colonial, es derribar el patriarcado-cis-heterosexual como mandato natural y regente del orden social, y construir nuevos mundos posibles y horizontes más vivibles.

* Waquel Drullard es activista, defensor de derechos humanos y trabaja en en la Dirección de Incidencia en la CNDH.

Extraido de: https://www.animalpolitico.com/blog-invitado/feminicidio-y-lgbti-cidio-una-respuesta-de-la-masculinidad-patriarcal/

“Algunos creen que la bisexualidad es un fetiche, como que estás dispuesto a lo que sea”

“Siento que es como un secreto oscuro”.

Así describe Matt, un joven graduado que vive en Cambridge, Reino Unido, cómo es ser una persona bisexual en una cita amorosa. “Me asusta cómo reaccionará la gente”, cuenta a la BBC.

“Una chica con la que estaba saliendo me dijo que la sola idea de que yo estuviera con un hombre le daba vuelta el estómago. Luego me bloqueó en todo”, cuenta.

Por eso Matt dice sentirse forzado a mentir sobre su sexualidad para poder simplemente empezar una relación.

Cuando salgo con gente y menciono que soy bisexual, la relación termina. Cuando miento y oculto mi sexualidad, dura. Todavía no sé si debería revelarlo desde el principio o esperar, porque cuanto más espero, más ansioso me pongo, pero no quiero que la relación termine”, explica.

“Siento que si termino en una relación heterosexual, parece que solo estuve experimentando todos estos años, pero si termino en una relación homosexual, la gente dirá que nunca fui bisexual. Y luego, si no tengo una relación monógama, la gente dirá que soy codicioso”.

Matt es una de las personas con las que habló Ben Hunte, periodista de la BBC especializado en temas LGBT, en el marco del Día Internacional de la Visibilidad Bisexual, que se celebra cada 23 de septiembre.

Y si bien cada vez a nivel general existe una mayor aceptación de la comunidad LGBTI, aún persisten muchos mitos sobre la “B”.

“En el acrónimo ‘LGBTI’, la ‘B’ a menudo se eclipsa, lo que lleva a la invisibilidad de las personas bisexuales y a la negación de los detalles sobre su experiencia”, dice la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la ONU.

“Piensan que la bisexualidad es un fetiche”

Nichi Hodgson es una escritora que vive en Londres. Ella dice que salió “tarde” del armario, a los 26 años, y tuvo problemas para explorar quién era debido a las presiones de la sociedad para ser heterosexual u homosexual.

“Es un viaje loco debido a la cantidad de conceptos erróneos“, cuenta. “La gente todavía no logra entender la bisexualidad”.

Nichi también dice que ha tenido que ocultar su bisexualidad en los perfiles de citas online: “Tuve que tener uno heterosexual y uno gay, porque tener uno bisexual me generó serios problemas”.

“Algunas personas piensan que la bisexualidad es un fetiche y una forma codificada de decir sadomasoquismo. Es como que estás dispuesto a lo que sea. Hay un verdadero estigma”, opina.

Pero eso no es todo. Nichi dice haber escuchado decir “que las personas bisexuales no se casan, simplemente se ‘enderezan’ y se casan. Hay una presión social real para ser heterosexual y no bisexual”.

“Mi exnovia solía bromear diciendo que tendría que desinfectarme antes de poder acostarse conmigo porque antes había estado con chicos”, cuenta. “Estaba realmente perturbada. Es muy doloroso”.

“Parece socialmente aceptable ser bifóbico”

Lewis Oakley es un activista y escritor bisexual que vive en Manchester y actualmente tiene una relación con una mujer.

Según Lewis, su novia es juzgada por estar con él y la gente hasta le advierte que él la engañará con un hombre.

Parece que es socialmente aceptable que seas honesto sobre tu discriminación hacia los bisexuales. Nadie me ha dicho ‘Eww, eres de raza mixta, no podría salir contigo’, pero constantemente se me dice que mi bisexualidad no se ajusta a las necesidades de las personas”, cuenta.

Lewis dice que cuando las personas se declaran bisexuales, inmediatamente quitan del abanico de opciones “tanto a los gays como a los heterosexuales, porque ambos los rechazan”.

“Es cierto que muchos hombres homosexuales se declararon bisexuales para cambiar su sexualidad”, explica. “Pero no se dan cuenta de que, aunque para algunas personas la bisexualidad es un trampolín, para otros es un destino“.

Una “epidemia oculta”

Lo que Matt, Nichi y Lewis cuentan no son casos aislados.

La existencia de personas bisexuales es constantemente cuestionada y, a veces, incluso negada. A menudo, la bisexualidad es calificada de inválida, inmoral o irrelevante”, dice la CIDH.

“La bifobia, una de las causas principales de la violencia, discriminación, pobreza y peores niveles de salud mental y física experimentada por las personas bisexuales; se ve alimentada por la falta de visibilidad a menudo presente en comunidades de orientación sexual o identidad de género diversas”, agrega.

De acuerdo con la ONG Stonewall, de Reino Unido, 32% de los bisexuales no son abiertos sobre su orientación sexual con ningún miembro de su familia, comparado con 8% de las lesbianas y los gays.

Por otra parte, un informe de la Universidad Abierta de Inglaterra encontró que las tasas de depresión, ansiedad, autolesiones y suicidio eran más altas entre los bisexuales que en los grupos de heterosexuales y homosexuales.

En el ámbito laboral, una encuesta de la empresa TUC realizada a 1.151 personas LGBT en Reino Unido, 30% de las personas bisexuales dijeron que en el trabajo vivieron tocamientos no deseados en lugares como la rodilla o la parte baja de la espalda.

A su vez, 21% dijo haber experimentado tocamientos no deseados en los genitales, senos o trasero, y 11% haber sufrido violación o acoso sexual en el trabajo.

De acuerdo con la secretaria general de TUC, Frances O’Grady, los resultados revelan una “epidemia oculta”.

“Las personas bisexuales deberían sentirse seguras y apoyadas en el trabajo, pero en cambio están experimentando niveles impactantes de acoso sexual”, dice O’Grady.

“El acoso sexual no tiene lugar en un lugar de trabajo moderno ni en la sociedad en general”.

Este articulo fue extraído de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49794758

En qué estados de Estados Unidos te pueden despedir o echar de casa si eres gay

A falta de legislación federal contra la discriminación hacia las minorías sexuales en Estados Unidos, los gobiernos estatales son libres de establecer sus propias regulaciones. En más de la mitad de los estados, no hay leyes que impidan que una persona sea despedida o expulsada de su vivienda por su orientación sexual o identidad de género. Te contamos cuáles son.

Evonne decidió cambiar de empleo antes de que la despidieran y tuviera que darle explicaciones a su familia.

Esta profesora estadounidense, residente en Texas, dejó su trabajo en el aula, en contacto con los estudiantes, a cambio de un empleo de oficina que no le satisface y para el que no se formó.

La razón de este cambio: su orientación sexual.”Estoy muy metida en el clóset”, le cuenta Evonne a BBC Mundo, “pero aun así no quería correr el riesgo de que alguien se enterara y que el rumor llegara a oídos de mis jefes“. “Hay muchos prejuicios en el mundo educativo y más en un estado como Texas”, añade.

En efecto, Texas es uno de los estados de EE.UU. en los que te pueden despedir del trabajo o donde los caseros pueden expulsarte de casa por tu orientación sexual o identidad de género. No es el único.

Diferencias entre estados

En la actualidad, en Estados Unidos no hay una ley federal que ampare explícitamente a la comunidad LGTBI (lesbianas, gays, transgénero, bisexuales e intersexuales) ante situaciones de discriminación laboral o de vivienda.

Lo más aproximado es la Ley de Derechos Civiles de 1964, una legislación trascendental en la historia del país que continúa siendo el marco de referencia en cuanto a derechos civiles y laborales y que en su Título VII prohíbe la discriminación por “raza, color, religión, sexo y origen nacional”.

A falta de una ley federal, los estados tienen la competencia de emitir y aplicar sus propias leyes.

Menos de la mitad de los 50 estados más el Distrito de Columbia que conforman EE.UU. tienen legislación que explícitamente prohíba la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el empleo y la vivienda.

Es decir, 28 estados carecen de leyes estatales que impidan que una persona LGTBI sea despedida del trabajo o expulsada de casa por los dueños. De ellos, 19 estados tienen algún tipo de legislación antidiscriminación en ámbitos diferentes al laboral o de vivienda.

Los otros nueve no contemplan ningún tipo de protección: no tienen leyes contra los crímenes de odio hacia las personas LGTBI ni contra el acoso o discriminación en la escuela, tampoco prohíben las terapias de conversión ni permiten el cambio de sexo en documentos oficiales como la licencia de conducir o el certificado de nacimiento.

Existen algunas excepciones dentro de los propios estados. En Idaho, por ejemplo, 11 ciudades tienen sus propias regulaciones locales para proteger los derechos de las minorías sexuales y en Texas hay seis ciudades en una situación similar.

Algunos estados como Carolina del Norte ofrecen protección laboral a empleados públicos LGBTI, pero no a los del sector privado.

Disenso legal

“A la mayoría de la gente le sorprende que en más de la mitad de los estados del país no haya protecciones totales para el colectivo LGTBI”, señala Janson Wu, director ejecutivo de la organización GLAD.

Para Wu y demás activistas, la orientación sexual y la identidad de género están comprendidas en el concepto general de sexo y por ello consideran que la ley de 1964 debe servir como protección federal contra la discriminación.

Sin embargo, esa no es una interpretación legal aceptada por todos los jueces y tribunales del país.

En conversación con BBC Mundo, Wu explica que la Corte Suprema de EE.UU. se pronunciará sobre el tema en octubre, cuando emitirá fallos sobre tres casos que pueden cambiar el panorama hacia uno u otro lado.

Se trata de las demandas de dos empleados que fueron despedidos de sus trabajos por ser homosexuales y una mujer transgénero que fue despedida después de cambiar de sexo.

Para Wu no es posible separar la orientación sexual y la identidad de género del sexo.

“El gobierno federal prohibió la discriminación por sexo [en 1964]. En las últimas décadas cada vez más tribunales interpretan que eso incluye a las personas LGTBI”, indica.

“Si eres un empleado gay y te despiden por esa razón es porque te relacionas con alguien de tu propio sexo. Y la cuestión transgénero está vinculada directamente con el sexo.

“Para nosotros es una lectura muy clara de la ley y esperamos que la Corte esté de acuerdo con eso”, apunta el director de GLAD.

La Cámara de Representantes de EE.UU. aprobó una ley de igualdad que añade los conceptos de orientación sexual e identidad de género al Título VII de la Ley de Derechos Civiles, pero el líder de la mayoría en el Senado, el republicano Mitch McConnell, no ha iniciado todavía la discusión en esa cámara.

“Hay un esfuerzo concertado entre los grupos conservadores cristianos del país de socavar las pocas protecciones que tenemos”, denuncia Wu.

“En EE.UU. tenemos fuertes protecciones para organizaciones religiosas e iglesias, como debe ser, por la promesa constitucional que defiende la libertad religiosa, y eso es bueno.”, subraya

“Pero cuando hablamos de individuos y negocios privados, no iglesias ni organizaciones religiosas, todo el mundo debería seguir las mismas reglas”.

Con información de:

https://www.semana.com/mundo/articulo/en-que-estados-de-estados-unidos-te-pueden-despedir-o-echar-de-casa-si-eres-gay/628496

El beso entre un judío y un árabe en Jerusalén recorre el mundo

El español Antonio Rodríguez fue quien capturó la imagen de Matteo y Riccardo, dos italianos que se encontraban en Jerusalén de vacaciones y se atrevieron a besarse en las calles de la capital israelí.

Según declaró Rodríguez, la pareja intentaba sacarse una selfie mientras trataban de darse un beso, sin embargo no podían dar con la toma perfecta. Fue en ese momento que Antonio entró en acción y se ofreció para sacarle una foto.

En ese instante, Matteo, el árabe con pañuelo palestino, y Riccardo, el judío con kipá, posaron frente a una puerta celeste coral y sellaron su amor con un beso.

De esta manera, la fotografía se convirtió en un símbolo contra la intolerancia sexual y sobre el conflicto árabe-israelí.

En declaraciones a medios italianos, los jóvenes hablaron de las agresiones homófobas de las que fueron víctimas durante su viaje en Jerusalén y mencionaron que la idea de hacerse la foto era una manera de combatir la intolerancia y el conflicto entre judíos y palestinos.

Con textos de: http://prensa21.com/el-beso-entre-un-judio-y-un-arabe-en-jerusalen-recorre-el-mundo/

“Clínicas de deshomosexualización”, el terror impune de Ecuador

Mientras Alemania aspira a prohibir las “terapias de conversión”, en Ecuador los activistas denuncian que estos centros de tortura a personas LGBTI operan en un contexto de impunidad.

Las llaman “clínicas del terror”. Según las denuncias, en ellas se practican torturas físicas y psicológicas tales como insultos, humillaciones, mala alimentación, golpes, descargas eléctricas e incluso “violaciones correctivas”. El objetivo: “curar” al presunto paciente, es decir, a la víctima. “Curar” su homosexualidad o transexualidad, cueste lo que cueste.

La semana pasada, el ministro de Sanidad alemán, Jens Spahn, anunció su intención de prohibir las llamadas “terapias de conversión” en Alemania este mismo año. “La homosexualidad no es una enfermedad, y por lo tanto no necesita terapia”, dijo el conservador Spahn, abiertamente gay. Sus planes cuentan con un amplio apoyo en el Parlamento alemán.

Sin embargo, el panorama no es optimista en otras partes del mundo. “Es un tema poco explorado, que ha sido denunciado sobre todo en Ecuador, pero que también ocurre en otros lugares de América Latina”, dice a DW Mauricio Albarracín, investigador colombiano. La naturaleza de estas prácticas, no obstante, hace que no existan datos al respecto, más allá de testimonios anecdóticos. Una suerte de secreto -terrible- a voces.

Es en Ecuador donde las denuncias han cobrado más fuerza y, pese al conservadurismo social, los activistas a favor de los derechos de la comunidad LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales) han logrado ir desenmascarando todo un sistema.

El primer caso de estas “clínicas de deshomosexualización” documentado en suelo ecuatoriano data del año 2000. Desde entonces, las historias han ido saliendo a la luz a cuentagotas, aunque algunas revolvieron a la sociedad: en 2008, Paola Concha Zirith fue secuestrada y trasladada a una “clínica” cerca de Quito, donde la violaron para intentar cambiar su orientación sexual. El de Jonathan Vasconez en 2010 fue otro de los casos que causaron revuelo social. Con 23 años, fue internado por mediación de su familia. Estuvo más de un año encerrado. Su caso llegó a los tribunales, pero fue finalmente sobreseído.

Brasil es otro de los países latinoamericanos donde el activismo LGBTI se ha movilizado contra estas “terapias de conversión”

El investigador Albarracín explica que “normalmente estas ‘terapias de conversión‘ están camufladas con otro tipo de terapias contra lo que se considera como personas antisociales; por ejemplo, en centros para atender la drogodependencia”. A menudo, estos centros están gestionados por grupos evangélicos, que aplican su “moral higienista”. Paralelamente, también hay registros de centros que operan en la más absoluta clandestinidad.

Falta de compromiso de los poderes públicos

Diane Rodríguez, presidenta de la Federación Ecuatoriana de Asociaciones LGBTI, afirma que en 2013 las investigaciones del Ministerio de Salud Pública ecuatoriano recogían la existencia de 268 de estas “clínicas”. Sin embargo, critica “toda esa información se perdió con el cambio de gobierno”.

El actual presidente, Lenín Moreno, asumió el cargo en mayo de 2017. Silueta X, asociación de la que también es directora adjunta de Rodríguez, solicitó los datos al nuevo Ministerio. La respuesta, afirma esta activista, fue que “se encuentran perdidos”.

DW intentó ponerse en contacto con las carteras de Salud Pública y de Justicia del Ejecutivo ecuatoriano, pero no obtuvo respuesta.

En enero de 2016, el Comité contra la Tortura de la ONU manifestó su preocupación “por las denuncias de internamiento forzoso y malos tratos” a personas LGBTI en esos centros. El CAT, por sus siglas en inglés, llamó la atención sobre el hecho de que ninguno de los procesos iniciados por la Fiscalía ecuatoriana “hayan concluido en condena”.

La impunidad es, de hecho, una de las grandes preocupaciones de los activistas. “Es complicado finalizar un proceso legal”, subraya Rodríguez, que señala, entre otros factores, la complicidad de los familiares y las presiones que sufren las víctimas. De las decenas de casos que han sido registrados en los últimos años, solo uno terminó en condena: el de Zulema Constante en 2013. Esta joven de Guayaquil tenía entonces 22 años cuando, tras escapar del rechazo familiar a su condición de lesbiana, fue internada contra su voluntad durante 21 días en la “Comunidad Terapéutica Femenina Esperanza”. El responsable fue condenado a pagar 6 dólares y pasar diez días en prisión.

“El Gobierno actual no hace mayor énfasis en este asunto”, afirma Rodríguez, quien critica el “giro ultraderechista” de la administración, en un contexto de “ola de ultraconservadurismo” que a su juicio sufre el país. “Nos atrevemos a decir que ha aumentado la cantidad de centros”, aventura. Pero sin mayor implicación institucional, los activistas están solos contra un sistema clandestino.

Texto originalmente aparecido en: https://www.dinero.com/internacional/articulo/clinicas-de-deshomosexualizacion-el-terror-impune-de-ecuador/273355